Era viernes. Usualmente, un día en que todo es bueno. El día comenzó bien; limpio, calientito - para ser Diciembre - claro. Fresco. Uno de esos días en que sales afuera y aún puedes sentir las pulsaciones de un otoño que se resiste al invierno. Se ve el vaivén de los buses amarillos que llevan niños a la escuela. Salí a caminar, como hago a diario. Mi pueblo adoptivo me esperaba.
lunes, diciembre 17, 2012
El futuro de las redes sociales es uno móvil [infografía]
Según el año acaba, es de esperarse que reflexionemos en torno a los acontecimientos grandes y rápidos que se han producido en los medios sociales en el 2012, está claro que uno de los avances más significativos ha sido la creciente importancia de los teléfonos inteligentes para acceder a sitios de redes sociales.
Se estima que un 40% de personas usa el móvil para acceder a plataformas sociales y este número se espera que aumente exponencialmente. El uso del móvil No sólo está afectando cómo nos conectamos con la gente, también está afectando a la manera de comprar. Cada vez más consumidores utilizan sus teléfonos inteligentes para conectar con las marcas, así como la búsqueda de formas nuevas y más eficientes de hacer compras y mejorar su experiencia de compra a través del celular.
Se estima que un 40% de personas usa el móvil para acceder a plataformas sociales y este número se espera que aumente exponencialmente. El uso del móvil No sólo está afectando cómo nos conectamos con la gente, también está afectando a la manera de comprar. Cada vez más consumidores utilizan sus teléfonos inteligentes para conectar con las marcas, así como la búsqueda de formas nuevas y más eficientes de hacer compras y mejorar su experiencia de compra a través del celular.
Escrito por:
Ricardo J. Rivera-Rodríguez
at
lunes, diciembre 17, 2012
jueves, diciembre 13, 2012
Lo que aprendí mientras escuchaba RUSH
En 1990 mi primo trajo a nuestras vacaciones en Playa Santa un walkman autorewind resistente al agua y un solo cassette TDK’90 que se pasó escuchando viernes a domingo de aquel fin de semana. En varias ocasiones le pedí que me dejara escuchar lo que tenía hasta que, de tanto insistir, sacó una de las bocinas del aparato y me convidó.
La canción, Cygnus X-1, Parte II: Hemispheres; el grupo, Rush. Justo entonces, como carcomido por una emoción mucho más poderosa que el amor que sentía en aquel entonces por Ritsdeliz Pérez; mucho mayor que la hilaridad que causa un sentimiento placentero como tocar música o correr una ola sobre una tabla de foam; mucho más fuerte que la sensación descontrolada que brinda lanzarse de una montaña rusa con ojos abiertos, supe que la vida me cambiaría ahí mismo; que había descubierto algo maravilloso y más allá de mi mente. Fui fanático sin saber nada más, sin pedirlo, sin buscarlo.
Escrito por:
Ricardo J. Rivera-Rodríguez
at
jueves, diciembre 13, 2012
Carta abierta a Sandra Rodríguez Cotto
Estimada señora Cotto:
Tengo que admitir que previo al día de hoy, aunque tenía conocimiento de su existencia, no tenía conocimiento de los detalles de su vida, sus profesiones, ni del contenido de sus artículos. Todo eso cambió hoy cuando me hicieron llegar su columna, publicada en El Vocero, titulada “Yo no soy José Enrique (Opinión)”.
En su exposición, usted presenta varias interrogantes dignas de reflexión y análisis. En un país democrático donde se valore el diálogo y se respeten las diferencias, el intercambio de ideas es pieza fundamental para intentar lograr una mejor calidad de vida. Con esto presente, quisiera expresar mi posición divergente en cuanto a los temas que usted esboza.
Considero válido comenzar con la siguiente pregunta: ¿En calidad de qué escribió su columna u opinión? ¿Fue como ciudadana preocupada? ¿Fue como periodista? ¿O fue con el sombrero de su actual profesión, relacionista pública? No lo pregunto porque crea que le reste validez a sus argumentos, sino pienso es importante que sus lectores conozcan este hecho. Los anglosajones le llaman “disclaimer”; yo le llamo transparencia. Usted tiene el derecho a decidir si nos contesta o no.
No pretendo formular aquí las diferencias entre boicot y censura. Ya otras personas, como su colega Wilda Rodríguez, han expuesto las mismas con elocuencia.
Lo que sí quiero es hacerle una pregunta en relación a su artículo: Cuál es su mensaje? Aunque será difícil contestar la misma sin primero saber qué rol asumió al redactar su columna (ciudadana, periodista o relacionista público), intentaré explicar por qué no capto el mismo, o mejor dicho, como no lo reconcilio con otras expresiones que ha publicado en artículos anteriores.
Sí, hoy me he convertido en un estudioso del verbo de Sandra Rodríguez Cotto, y para mi sorpresa, usted le ha dedicado mucha tinta al tema de SuperXclusivo, Antulio “Kobbo” Santarrosa, y su muñeca “La Comay”, desde mucho antes que ocurriera la desgraciada muerte del señor José Enrique Gómez Saladín, y de que iniciara el boicot que llevamos un grupo de personas, en el ejercicio legítimo de nuestro derecho a la libertad de expresión, contra los auspiciadores de ese programa. Sí, esa misma libertad de expresión que usted asegura defender.
Primero que todo, quiero comenzar con su pregunta: ¿“Que hay detrás del boicot”? Una pregunta aparentemente sincera, pero claramente malintencionada. Porqué en vez de indagar en las razones de forma seria, propone conspiraciones mediáticas sin ninguna base o fundamento, y recurre a la crítica y caracterización infundada de lo que usted cataloga como “esa misma gente”, o sea, de nosotros, de mí. Claro, estoy consciente de que su artículo no supone ser una pieza investigativa seria sobre las causas del boicot, sino una opinión, pero por eso mismo me cuestiono ¿quién fue la Sandra Rodríguez Cotto que la emitió: la ciudadana, la periodista, o la relacionista pública?
Yo no puedo, ni pretendo, ni deseo, contestar su pregunta en nombre de todos los que se han expresado en contra de Santarrosa a través del mecanismo del boicot, o de los que se han expresado en solidaridad con el mismo. Incluso, no se tan siquiera si a usted le interesa una respuesta. Pero yo, al igual que usted, también soy yo, y hablo por mí. Para este servidor, ese programa SuperXclusivo, y su productor y figura principal, Antulio Santarrosa, han llegado a una coyuntura peligrosa donde éstos han querido influir, desproporcionalmente, en los asuntos públicos (y no tan públicos) del país, creando un disloque entre lo real y lo imaginario, a la vez que nos vende como material de consumo el odio, la intolerancia, la división, y la desinformación. Su "producto" trasciende su espacio designado, y sus 55 minutos se convierten en 24 horas para todos, incluso para los que no la vemos.
Como bien expusiera usted en otro artículo suyo, en su programa, Santarrosa “no es balanceado, es burlón y no presenta los dos lados de la moneda…en sus burlas perpetúa prácticas deplorables como cuando se burla de los negros, de las mujeres y de los homosexuales, como hace constantemente…mira la paja en el ojo ajeno, pero no dice sus errores, ni los de su acompañante.” Ya usted ha expresado que “no acept[a] las burlas, la homophobia y el descrédito que ese programa tiene contra ciertas personas”. Usted dice que solo defiende el “derecho a la libertad de expresión” de Antulio Santarrosa. Aunque difiero en su interpretación de "libertad de expresión", consideraré valida su preocupación.
No obstante, a pesar de su declarado interés por la “libertad de expresión” de Santarrosa, tengo que decir que en mi búsqueda de sus artículos, columnas de opinión, y en la lectura de su ‘blog’, “En Blanco y Negro”, no encontré nada escrito por usted denunciando la represión del Estado en contra de la libertad de expresión de estudiantes, manifestantes pacíficos, y su ataque al derecho mayor de un pueblo, “el derecho...a reunirse en asamblea pacífica y a pedir al gobierno la reparación de agravios”. Tampoco he leído nada suyo sobre la aprobación de la Ley Tito Kayak ni sobre el cierre del Capitolio, y peor aún, nada sobre la falta de acceso a la prensa por parte del senador Thomas Rivera Schatz y sus colegas en la Legislatura. Tampoco la escuché, o leí, defender al candidato del PPT, el profesor Rafael Bernabe, cuando éste ejerció su libertad de expresión y movimiento al decidir no aceptar la invitación de Santarrosa a su programa. Por el contrario, muchos de sus correligionarios en su campo criticaron a Bernabe, o le advirtieron que el titiritero podría vengarse. Que bien, la venganza de un hombre que se esconde detrás de una muñeca es el motor de la opinión pública del país.
No conozco todos sus escritos, así que no sé si tiene guardado algún bosquejo sobre esos temas, pero ese hecho me parece curioso, sin intención de adjudicarle motivos ulteriores. No es que usted tenga que expresarse sobre todo, pero le recuerdo que usted también es ciudadana de este “país de hipócritas”.
Ambas constituciones que nos cobijan, la de aquí y la de allá, incluyen diversos derechos. No se limita a la “libertad de expresión”. De hecho, la sección primera, Artículo II, de nuestra Carta de Derechos establece lo siguiente: “La dignidad del ser humano es inviolable. No podrá establecerse discrimen alguno por motivo de raza, color, sexo, nacimiento, origen o condición social, ni ideas políticas o religiosas". Estos son considerados "principios de esencial igualdad humana.”. Si tomamos el orden de redacción como símbolo de jerarquía de ambos derechos, la libertad de expresarse y el derecho a la inviolabilidad de nuestra dignidad, los redactores del documento pusieron primero el último. Espero que los que defienden la “libertad de expresión” de Santarrosa ante el boicot, ahora no me digan que esos otros derechos se invocan solo frente al Estado.
Como decía el Gobernador Luis Fortuño: “tus derechos terminan donde comienzan los míos.”
Pero quiero atender varias generalizaciones, contradicciones y desatinadas conclusiones que usted expone en su artículo, y expresar varias interrogantes que me surgen por sus declaraciones. Para no malinterpretar sus palabras, la citaré. En primer lugar, usted indica lo siguiente:
Usted también escribe:
Usted continúa escribiendo:
Usted, a pesar de declarar esto: “Quien se atreviera a hablar de eso [circunstancias de la muerte de Gómez Saladín] estaba frito porque iba en contra de la corriente de la masa”, también expuso lo siguiente:
Por otro lado, usted nos revela, en tono sincero:
Resulta curioso como algunos, como usted, piensan que un boicot/protesta que ha durado escasamente siete días, sea de repente el victimario de un programa que por 14 años se ha dedicado a mancillar reputaciones, de vivos y muertos, a alterar las posibilidades de que se celebren juicios justos e imparciales, y a inmiscuirse imprudentemente en la política puertorriqueña. Resulta curioso, pero me imagino que no es fortuito. David versus Goliath, a la inversa.
Mientras la expresión ciudadana, con apoyo de ciertos artistas y figuras públicas, ha sido el motor de este boicot, las voces defensoras de “La Comay” se centran en figuras mediáticas en posición de poder, como usted, su compañero Dávila Colón, Ojeda, Cucusa, Seijo, y la gerencia de WapaTV y Wapa América. No solo resulta curioso, sino que es totalmente absurdo pensar que un grupo de ciudadanos van a callar a las pobres víctimas: la empresa mediática multinacional y el multimillonario productor.
Usted nos solicita que “no seamos hipócritas” ya que “la mayoría ve ese programa”. Supongo que insinúa que nosotros los que participamos del boicot lo vemos. Pues, a modo de “disclaimer”, le puedo decir que he visto ese programa en dos ocasiones. Una fue en 1998, y la otra el pasado 6 de diciembre de 2012, a propósito de identificar a los auspiciadores. En 1998, La Comay hizo de las suyas y utilizó a su presa favorita, Susan Soltero, para burlarse de ésta por alguna estupidez que a Santarrosa no le parecía bien. Su figura, o su maquillaje, o su forma de hablar. Luego de escuchar la burla por espacio de 7 minutos, me pregunté a mi mismo: “qué demonios yo hago viendo esto?” Y fin, se acabó.
Por pura casualidad, cuando lo sintonicé la semana pasada, estaba Santarrosa nuevamente burlándose de Susan Soltero, esta vez por su figura. Le pregunto a usted: ¿Porqué siete días de protesta contra Santarrosa le molestan más que 14 años de burla a personas como Susan Soltero? ¿Porqué tenemos que parar de expresarnos luego de siete días, cuando éste no le ha quitado el guante de la cara a Susan y muchos otros más, por espacio de 14 años? ¿Por su libertad de expresión? ¿Y que tal el derecho a la inviolabilidad de la dignidad del ser humano? ¿Ese derecho no le importa a usted? ¿O es que los derechos de la prensa están por encima de nosotros, los simples mortales de la plebe?
Me parece insólito que una persona de su trayectoria haya escrito por lo menos cuatro artículos diferentes en defensa de Santarrosa desde marzo 2012 (y ha escrito diversas opiniones en defensa de éste desde mucho antes). Igual de insólito me parece su afirmación, en su más reciente artículo, de que su tema para comenzar la serie de columnas que publica en El Vocero, allá para agosto 2012, fuera precisamente “La Comay”. Para alegadamente no gustarle el estilo de Santarrosa, escribe mucho sobre él. Y que yo recuerde, no había ningún boicot para entonces. Me pregunto nuevamente, ¿en calidad de qué escribe usted sobre Santarrosa y su personaje: ciudadana, periodista o relacionista pública?
Aunque lo debe saber muy bien, me parece completamente incompatible ese binomio periodista/relacionista público. O se es uno, o se es lo otro. A estos efectos, le recuerdo de los inicios de la profesionalización de los relacionistas públicos. En el 1914, John Rockefeller, el magnate multimillonario dueño de minas de carbón y ferrocarriles, ordenó a la milicia de Colorado disparar contra un campamento de trabajadores mineros en huelga, y sus familias. El resultado fue madres, niños e infantes muertos, acribillados por los “contratistas” de Rockefeller, y dejados sobre las cenizas de sus tiendas de campaña calcinadas. A esto se le llamó la masacre de Ludlow.
John Rockefeller, astuto que era, contrató los servicios de un periodista, Ivy Lee, para que lo aconsejara sobre cómo llevar a cabo sus relaciones públicas con respecto a sus diferentes empresas. Rockefeller le interesaba “crear” su versión de los hechos: que los trabajadores eran anarquistas violentos que querían liquidar las fuentes de carbón, lo cual afectaría el futuro próspero del país. Después de todo, “nadie quiere matar mujeres y niños – así que imagínense lo malo que eran éstos trabajadores que lo forzaron a hacerlo.” Id. El plan funcionó, por lo menos mientras vivió. El hecho de que en la actualidad le llamen la masacre de Ludlow significa que la verdad no pudo esconderse. A esto le llaman "damage control". Le pregunto nuevamente, en calidad de que escribió su columna? Es una pregunta válida. Como usted expresa en su columna, "[e]s que en este país vivimos con máscaras, con imposturas de lo que no somos".
Si lo escribió como periodista, le recuerdo lo siguiente, escrito por usted en el artículo “El noble oficio de ser carne de cañón”:
Enviaría esta comunicación a El Vocero, por eso de exigir tiempo igual para proponer mis dudas y exponer mis argumentos, pero reconozco que sería una tarea fútil. Aun cuando por los pasados 4 años le hemos regalado millones de nuestro dinero público a los directores del periódico donde usted escribe. Millones que en mi opinión sobrepasan el valor de la compañía. Me pregunto si alguna vez escribió sobre ese ángulo, o si por el contrario, ese no era un tema que le interesara a usted o a su patrono. No sé, ¿habrá censura en El Vocero?
Para terminar, quisiera dejarla con las siguientes palabras, recogidas de un emotivo artículo que usted compartiera con nosotros sobre su hija, titulado “El país de mi hija”:
Cordialmente,
W. Méndez
Este escrito aparece originalmente en Facebook
Tengo que admitir que previo al día de hoy, aunque tenía conocimiento de su existencia, no tenía conocimiento de los detalles de su vida, sus profesiones, ni del contenido de sus artículos. Todo eso cambió hoy cuando me hicieron llegar su columna, publicada en El Vocero, titulada “Yo no soy José Enrique (Opinión)”.
Considero válido comenzar con la siguiente pregunta: ¿En calidad de qué escribió su columna u opinión? ¿Fue como ciudadana preocupada? ¿Fue como periodista? ¿O fue con el sombrero de su actual profesión, relacionista pública? No lo pregunto porque crea que le reste validez a sus argumentos, sino pienso es importante que sus lectores conozcan este hecho. Los anglosajones le llaman “disclaimer”; yo le llamo transparencia. Usted tiene el derecho a decidir si nos contesta o no.
No pretendo formular aquí las diferencias entre boicot y censura. Ya otras personas, como su colega Wilda Rodríguez, han expuesto las mismas con elocuencia.
Sí, hoy me he convertido en un estudioso del verbo de Sandra Rodríguez Cotto, y para mi sorpresa, usted le ha dedicado mucha tinta al tema de SuperXclusivo, Antulio “Kobbo” Santarrosa, y su muñeca “La Comay”, desde mucho antes que ocurriera la desgraciada muerte del señor José Enrique Gómez Saladín, y de que iniciara el boicot que llevamos un grupo de personas, en el ejercicio legítimo de nuestro derecho a la libertad de expresión, contra los auspiciadores de ese programa. Sí, esa misma libertad de expresión que usted asegura defender.
Primero que todo, quiero comenzar con su pregunta: ¿“Que hay detrás del boicot”? Una pregunta aparentemente sincera, pero claramente malintencionada. Porqué en vez de indagar en las razones de forma seria, propone conspiraciones mediáticas sin ninguna base o fundamento, y recurre a la crítica y caracterización infundada de lo que usted cataloga como “esa misma gente”, o sea, de nosotros, de mí. Claro, estoy consciente de que su artículo no supone ser una pieza investigativa seria sobre las causas del boicot, sino una opinión, pero por eso mismo me cuestiono ¿quién fue la Sandra Rodríguez Cotto que la emitió: la ciudadana, la periodista, o la relacionista pública?
Como bien expusiera usted en otro artículo suyo, en su programa, Santarrosa “no es balanceado, es burlón y no presenta los dos lados de la moneda…en sus burlas perpetúa prácticas deplorables como cuando se burla de los negros, de las mujeres y de los homosexuales, como hace constantemente…mira la paja en el ojo ajeno, pero no dice sus errores, ni los de su acompañante.” Ya usted ha expresado que “no acept[a] las burlas, la homophobia y el descrédito que ese programa tiene contra ciertas personas”. Usted dice que solo defiende el “derecho a la libertad de expresión” de Antulio Santarrosa. Aunque difiero en su interpretación de "libertad de expresión", consideraré valida su preocupación.
No conozco todos sus escritos, así que no sé si tiene guardado algún bosquejo sobre esos temas, pero ese hecho me parece curioso, sin intención de adjudicarle motivos ulteriores. No es que usted tenga que expresarse sobre todo, pero le recuerdo que usted también es ciudadana de este “país de hipócritas”.
Ambas constituciones que nos cobijan, la de aquí y la de allá, incluyen diversos derechos. No se limita a la “libertad de expresión”. De hecho, la sección primera, Artículo II, de nuestra Carta de Derechos establece lo siguiente: “La dignidad del ser humano es inviolable. No podrá establecerse discrimen alguno por motivo de raza, color, sexo, nacimiento, origen o condición social, ni ideas políticas o religiosas". Estos son considerados "principios de esencial igualdad humana.”. Si tomamos el orden de redacción como símbolo de jerarquía de ambos derechos, la libertad de expresarse y el derecho a la inviolabilidad de nuestra dignidad, los redactores del documento pusieron primero el último. Espero que los que defienden la “libertad de expresión” de Santarrosa ante el boicot, ahora no me digan que esos otros derechos se invocan solo frente al Estado.
Como decía el Gobernador Luis Fortuño: “tus derechos terminan donde comienzan los míos.”
Pero quiero atender varias generalizaciones, contradicciones y desatinadas conclusiones que usted expone en su artículo, y expresar varias interrogantes que me surgen por sus declaraciones. Para no malinterpretar sus palabras, la citaré. En primer lugar, usted indica lo siguiente:
“Por eso ha sido tan fuerte la reacción y la ira contra los comentarios de La Comay por meterse con él. Y vino la defensa a su honra en voz de su viuda, y las esquelas y los comentarios. Comenzó la campaña de #TodosSomosJoseEnrique y ya no había espacio para analizar con cabeza fría lo que decía el FBI y la Policía de las circunstancias del crimen.”¿Porqué la reacción y comentarios de los defensores de Gómez Saladín, según su entender, no dejaron “espacio para analizar con cabeza fría…las circunstancias del crimen”, pero no así la reacción y comentarios de Santarrosa en su programa? ¿Es éste el único que tiene derecho a expresarse y a analizar, sin que se le impute que no deja espacio para entender mejor las circunstancias reales de los crímenes?
Usted también escribe:
“El que osara criticar o pensar distinto a lo que ordenaba el fundamentalismo de las redes sociales era un paria. Pues acepto que yo lo soy porque aunque desde el primer día el caso me conmovió, también me trajo interrogantes. Plantearlas no me hace menos solidaria al dolor ajeno. Por el contrario, soy honesta.”¿A que usted se refiere con el “fundamentalismo de las redes sociales”? Y de existir, ¿cómo se diferencia de las ideas conservadoras que promueve Santarrosa en su programa, derivadas y propagandistas de un sentir fundamentalista religioso, como por ejemplo, la homofobia? Como ya había señalado, usted conoce muy bien a Santarrosa y sabe que éste “no es balanceado…y no presenta los dos lados de la moneda.” A diferencia de él, sin embargo, nosotros los “fundamentalistas de las redes sociales”, como sugiere llamarnos, hemos transmitido y compartido esta exposición suya, en la cual nos critica duramente sin base empírica alguna. Somos balanceados y presentamos “los dos lados de la moneda”. ¿Como eso nos hace fundamentalistas a nosotros, pero a Santarrosa no?
Usted continúa escribiendo:
“Se promueve un boicot contra La Comay, pero lo hace la misma gente que corre a ver muertos en los noticiarios, que le encantan las películas a lo ‘Die Hard’ o ‘Scarface’, que le compran videojuegos violentos a niños como regalo, que se gozaron el nocaut que le estampó Márquez a Pacquiao el sábado, y que hablan de paz pero pocos mueven un dedo en acciones concretas en contra de la violencia como ser activistas o trabajar de voluntarios en sus comunidades.”Señora, con todo el respeto que se merezca, ¿cómo usted llega a esa conclusión sobre tod@s l@s que apoyamos el boicot? ¿Ha ido usted a mi videoteca? ¿Ha visto los regalos de mi hijo(a)? ¿Estuvo aquí sentada conmigo para saber si me gocé o no una pelea de boxeo? ¿Cómo sabe usted que yo no he movido “un dedo en acciones concretas en contra la violencia” o que no he trabajado de voluntario para promover causas justas? Le recuerdo que es su propio programa radial el que sugiere un tipo de violencia: “El Azote”. En fin, este párrafo me hace conjurar nuevamente la pregunta inicial: ¿En calidad de qué escribió usted su columna u opinión? Le recuerdo que algunos de esos noticieros donde presentan muertos, por ejemplo, vienen justo antes de SuperXclusivo, para el deleite de sus televidentes. Yo, por mi parte, no veo televisión. Incluso, no tengo tan siquiera cable.
Usted, a pesar de declarar esto: “Quien se atreviera a hablar de eso [circunstancias de la muerte de Gómez Saladín] estaba frito porque iba en contra de la corriente de la masa”, también expuso lo siguiente:
“No seamos hipócritas. Aquí la mayoría ve ese programa. Por eso pregunto, ¿qué hay detrás del boicot? En momentos en que la publicidad está cada vez más limitada, la excesiva cobertura del tema da la impresión de que ciertos medios se rasgan sus vestiduras de moralidad para tratar de atraer esos dólares a sus arcas.”Aquí tengo que admitir que estoy totalmente confundido. ¿A cual “masa” usted se refiere? ¿A la “mayoría [que] ve ese programa"? Porque si es mayoría, es masa. Y si es masa, nosotros seríamos minoría. Esto me recuerda a otras expresiones que hiciera en su artículo titulado “Kobbo Santarrosa: el periodista”, donde usted aseguró, sobre éste, que “su estilo irreverente, inculto y vulgar apela a las masas, pero no solo a las masas de irreverentes, incultos y vulgares, sino a todo el mundo.” Nuevamente utiliza el concepto de las “masas”. Estoy confundido. Ya no sé cuál es la masa y cuál no. Eso sí, difiero enérgicamente de usted. A todo el mundo no le gusta eso. No me creo moralista, ni mucho menos, pero creo que nuevamente desatina con ese comentario. Si usted se está proyectando, esos son otros veinte pesos, pero a mí no me incluya dentro de su grupo.
Por otro lado, usted nos revela, en tono sincero:
“Comienzo declarando que no me gusta el estilo de Kobbo. De hecho, confieso públicamente que en el 2006 fui su víctima. En medio de un divorcio, el tipo detrás de la muñeca me ofendió, se burló de mí, me pintó como canalla y mintió. Lloré de dolor, rabia e impotencia porque no comprendía hasta dónde podía llegar un comentario de ese ‘show’. Todavía hoy conservo copia del vídeo con las mentiras que salieron de la boca de Kobbo a través de La Comay y recuerdo que lo dejé pasar porque me concentré en mi proceso personal y en salir de ese dolor en vez de pelear con el titiritero.”He aquí otra expresión suya que no puedo reconciliar con artículos anteriores. Usted parece sugerir que todos nos debemos resignar a lo que el titiritero Santarrosa diga. Yo respetuosamente difiero. Entiendo que personas como usted, en el ojo público, sientan miedo de pararse con firmeza ante los ataques destemplados de Santarrosa, pero no veo porque yo tenga que hacer lo mismo. Yo soy yo, como le dije, y no usted. En su artículo titulado “Ser puertorriqueño, el lema”, usted sugiere algo totalmente distinto. En esa ocasión, usted escribió:
“¿Cuales son esos valores?, pregunto yo. ¿Es quedarse callado? ¿Es aceptar todo lo que venga sin cuestionar? ¿Es claudicar en el derecho a preguntar, a protestar, a hablar? ¿Es no dar opiniones y expresarse por temor a represalias? ¿Es aceptar callados el pillaje y lo que nos hacen como pueblo? No. El ser puertorriqueño no se trata de aceptar las burkas que nos amordazan. Tampoco se trata de ser hipócritas viendo de frente una sociedad que se derrumba sin hacer nada. …Calladitos no nos vemos más bonitos, como se pretende.”Wow. Bravo. Totalmente de acuerdo. Pero, qué ocurre señora Cotto, ¿eso no aplica aquí? ¿Solo Santarrosa, a través de su muñeca, puede expresarse, opinar, hablar y censurar? Usted se queja de que le intentan callar la boca a Santarrosa, pero de mi parte, lo que intento es evitar que continúe lucrándose de la desgracia ajena, la burla y la difamación, mediante compañías que yo auspicio y con el dinero de las agencias del Estado, las cuales se nutren de nuestras contribuciones. Ese es mi derecho. Es nuestro derecho. Usted se queja del “bullying” de nosotros, pero acepta el “bullying” de Kobbo, quién, como admite, la llevó a preferir no expresarse en su contra cuando la difamó a usted.
Resulta curioso como algunos, como usted, piensan que un boicot/protesta que ha durado escasamente siete días, sea de repente el victimario de un programa que por 14 años se ha dedicado a mancillar reputaciones, de vivos y muertos, a alterar las posibilidades de que se celebren juicios justos e imparciales, y a inmiscuirse imprudentemente en la política puertorriqueña. Resulta curioso, pero me imagino que no es fortuito. David versus Goliath, a la inversa.
Mientras la expresión ciudadana, con apoyo de ciertos artistas y figuras públicas, ha sido el motor de este boicot, las voces defensoras de “La Comay” se centran en figuras mediáticas en posición de poder, como usted, su compañero Dávila Colón, Ojeda, Cucusa, Seijo, y la gerencia de WapaTV y Wapa América. No solo resulta curioso, sino que es totalmente absurdo pensar que un grupo de ciudadanos van a callar a las pobres víctimas: la empresa mediática multinacional y el multimillonario productor.
Usted nos solicita que “no seamos hipócritas” ya que “la mayoría ve ese programa”. Supongo que insinúa que nosotros los que participamos del boicot lo vemos. Pues, a modo de “disclaimer”, le puedo decir que he visto ese programa en dos ocasiones. Una fue en 1998, y la otra el pasado 6 de diciembre de 2012, a propósito de identificar a los auspiciadores. En 1998, La Comay hizo de las suyas y utilizó a su presa favorita, Susan Soltero, para burlarse de ésta por alguna estupidez que a Santarrosa no le parecía bien. Su figura, o su maquillaje, o su forma de hablar. Luego de escuchar la burla por espacio de 7 minutos, me pregunté a mi mismo: “qué demonios yo hago viendo esto?” Y fin, se acabó.
Por pura casualidad, cuando lo sintonicé la semana pasada, estaba Santarrosa nuevamente burlándose de Susan Soltero, esta vez por su figura. Le pregunto a usted: ¿Porqué siete días de protesta contra Santarrosa le molestan más que 14 años de burla a personas como Susan Soltero? ¿Porqué tenemos que parar de expresarnos luego de siete días, cuando éste no le ha quitado el guante de la cara a Susan y muchos otros más, por espacio de 14 años? ¿Por su libertad de expresión? ¿Y que tal el derecho a la inviolabilidad de la dignidad del ser humano? ¿Ese derecho no le importa a usted? ¿O es que los derechos de la prensa están por encima de nosotros, los simples mortales de la plebe?
Me parece insólito que una persona de su trayectoria haya escrito por lo menos cuatro artículos diferentes en defensa de Santarrosa desde marzo 2012 (y ha escrito diversas opiniones en defensa de éste desde mucho antes). Igual de insólito me parece su afirmación, en su más reciente artículo, de que su tema para comenzar la serie de columnas que publica en El Vocero, allá para agosto 2012, fuera precisamente “La Comay”. Para alegadamente no gustarle el estilo de Santarrosa, escribe mucho sobre él. Y que yo recuerde, no había ningún boicot para entonces. Me pregunto nuevamente, ¿en calidad de qué escribe usted sobre Santarrosa y su personaje: ciudadana, periodista o relacionista pública?
Aunque lo debe saber muy bien, me parece completamente incompatible ese binomio periodista/relacionista público. O se es uno, o se es lo otro. A estos efectos, le recuerdo de los inicios de la profesionalización de los relacionistas públicos. En el 1914, John Rockefeller, el magnate multimillonario dueño de minas de carbón y ferrocarriles, ordenó a la milicia de Colorado disparar contra un campamento de trabajadores mineros en huelga, y sus familias. El resultado fue madres, niños e infantes muertos, acribillados por los “contratistas” de Rockefeller, y dejados sobre las cenizas de sus tiendas de campaña calcinadas. A esto se le llamó la masacre de Ludlow.
Si lo escribió como periodista, le recuerdo lo siguiente, escrito por usted en el artículo “El noble oficio de ser carne de cañón”:
“El deber de los periodistas es estar conscientes de su rol. Toda Guerra es irracional, y el periodista debe tener claro si se presta o no a ser la carne de cañón.”Es cierto, hay que escoger las batallas. Usted, desde mucho antes del boicot, por razones aún no muy claras, ha asumido la batalla por la defensa del multimillonario Santarrosa, y en contra de todos los demás. Hay un refrán conocido que dice: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. No sé si aplique en su caso, pero todo esto crea confusión.
Enviaría esta comunicación a El Vocero, por eso de exigir tiempo igual para proponer mis dudas y exponer mis argumentos, pero reconozco que sería una tarea fútil. Aun cuando por los pasados 4 años le hemos regalado millones de nuestro dinero público a los directores del periódico donde usted escribe. Millones que en mi opinión sobrepasan el valor de la compañía. Me pregunto si alguna vez escribió sobre ese ángulo, o si por el contrario, ese no era un tema que le interesara a usted o a su patrono. No sé, ¿habrá censura en El Vocero?
Para terminar, quisiera dejarla con las siguientes palabras, recogidas de un emotivo artículo que usted compartiera con nosotros sobre su hija, titulado “El país de mi hija”:
“El país que quiero para mi hija es uno donde los puertorriqueños dejemos de ser miedosos y nos levantemos a exigir que pare la violencia. Todo tipo de violencia. Un país de valientes.”En eso estamos de acuerdo. Ese es el país que yo quiero también. Así que por favor, déjeme dirigirme hacia eso.
Cordialmente,
W. Méndez
Este escrito aparece originalmente en Facebook
Escrito por:
Ricardo J. Rivera-Rodríguez
at
jueves, diciembre 13, 2012
Este es tu cerebro en las Redes Sociales
No es ningún secreto que el fenómeno de las redes sociales no sólo domina las vías de comunicación de las generaciones más jóvenes, si no también ha revolucionado la forma en que las personas interactúan unas con otras en el mundo entero. Si usted es como cientos de millones de personas en este mundo, hay una buena probabilidad que usted participe de alguna forma en medios de comunicación social con regularidad. Así sea en Facebook, Twitter o Pinterest, es probable que participe en uno o más sitios populares de redes sociales. Para muchas personas ahora, los medios sociales estan disponibles en todo momento y desde cualquier lugar, ya sea desde su PC, teléfono o tablet, la página de inicio de sesión Facebook tiende a ser visitada con frecuencia desde múltiples dispositivos. Entonces, ¿qué sacrificarias para mantener tu acceso a los medios sociales libres de límites? Los estudios demuestran que más y más a menudo, las generaciones más jóvenes dicen que el tener acceso regular a las redes sociales en el trabajo es más importante para ellos que su salario. De hecho, algunos aspirantes a empleos dicen que, si no pueden acceder a FB en el trabajo, entonces la posición no vale la pena. Entonces, ¿qué es tan importante en redes sociales que valoramos más que nuestros puestos de trabajo? La infografía siguiente da un vistazo a lo mucho que amamos las redes sociales y por qué.


Escrito por:
Ricardo J. Rivera-Rodríguez
at
jueves, diciembre 13, 2012
miércoles, diciembre 05, 2012
Se cuaja Boicot a la Comay en las redes sociales
En estos momentos se está dando un movimiento importante para boicotear uno de los programas más dañinos para la sociedad puertorriqueña, La Comay. Después de unas declaraciones a raíz del asesinato de publicista José Enrique donde prácticamente acusó a la víctima de buscarse el asesinato por haber pedido favores sexuales homosexuales y por uso de drogas, se despertó toda una furia en las redes sociales. Aunque este no ha sido el único intento para boicotear marcas que se anuncian en el espacio, este ya está rindiendo frutos. A continuación una compilación de las respuestas (hasta ahora) de las marcas mencionadas en la primera hora de boicot.
Escrito por:
Ricardo J. Rivera-Rodríguez
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miércoles, diciembre 05, 2012
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