miércoles, febrero 06, 2013

A JULIA DE BURGOS

Dedicado a Blanca
Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemigajuliaburgos
porque dicen que en verso doy al mundo mi yo.
Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más
profundo abismo se tiende entre las dos.
Tú eres fria muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.
Tú, miel de cortesana hipocresías; yo no;
que en todos mis poemas desnudo el corazón.
Tú eres como tu mundo, egoísta;

yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.
Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no,
yo soy la vida, la fuerza, la mujer.
Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a
todos en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.
Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento, a mí me pinta el sol.
Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.
Tú en ti misma no mandas;
a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus
padres, tus parientes, el cura, el modista,
el teatro, el casino, el auto,
las alhajas, el banquete, el champán, el cielo
y el infierno, y el que dirán social.
En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se
lo debes, mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.
Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor
social somos el duelo a muerte que se acerca fatal.
Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias
quemadas, y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto
y lo inhumano, yo iré en medio de
ellas con la tea en la mano.

Julia Constancia Burgos García se fue de este mundo sin nada. Todo lo dejó en palabras.
Cuando fue encontrada inconsciente entre la Calle 106 con la Quinta Avenida en la ciudad de Nueva York, nadie sabía que la persona que murió al ser trasladada al Hospital de Harlem era Julia de Burgos, la poeta más prominente que ha dado la literatura puertorriqueña.
Su cuerpo sin vida fue enterrado en una tumba anónima. Tras su rastro fueron algunos amigos que lograron identificarla y trasladar sus restos a Puerto Rico. Recibió un funeral de heroína y fue sepultada en el Cementerio de Carolina, el lugar más cercano al siempre suyo Río Grande de Loíza.
Así fue el fin de una de las voces literarias más contundentes no sólo del País, sino del grupo de poetas latinoamericanos de su generación. Sin embargo, su vida fue mucho más que el mito construido a partir del estereotipo de “la poeta”.
Nacida un día como hoy en Carolina, fue la única entre 13 hermanos que cursó estudios secundarios. Incluso, se tituló en Educación en la Universidad de Puerto Rico. Aunque se dedicó al magisterio, la poesía fue una constante en su vida. Cuentan quienes la conocieron que solía distanciarse un momento a trabajar sus versos como si se tratase de un largo flujo de conciencia que la enajenaba por momentos del mundo.
Algunas de sus influencias más importantes fueron Luis Llorens Torres, Clara Lair, Rafael Alberti y Pablo Neruda. Publicaba sus poemarios e iba de pueblo en pueblo vendiéndolos ella misma. Poco a poco se dio a conocer en el ambiente literario y escribió otros géneros como el drama. De la mano con su incursión en el mundo de las letras se insertó de lleno en el grupo “Hijas de la libertad”, la rama femenina del Partido Nacionalista de Puerto Rico que lideraba Pedro Albizu Campos. Su vida transcurrió durante algunos años de modo intermitente entre Nueva York y La Habana.
Tras la ruptura de su matrimonio con Rubén Rodríguez Beauchamp conoce al médico y sociólogo Juan Isidro Jimenes Grullón, a quien puede llamársele el amor de su vida.
Vivió un interesante periodo en La Habana, Cuba, donde estudió griego, latín, francés, biología, antropología, sociología, psicología, higiene mental y didáctica, entre otras materias. Sin duda, una mujer que muy poco tenía que ver con las inquietudes “femeninas” de su época.
Al romper con Juan Isidro regresó en el 1942 a la Gran Manzana donde deambuló en busca de empleo y llegó a trabajar como inspectora de óptica, empleada de un laboratorio químico, vendedora de lámparas, oficinista y costurera.
Aunque su obra recibió múltiples reconocimientos no logró publicar en vida dos de sus poemarios más importantes: “El mar y tú y otros poemas” (1954) y “Yo misma fui mi ruta” (1986).
Póstumamente, se convirtió en la poeta laureada. Hoy su obra aún espera los análisis críticos que podrían colocarla a la par con voces poéticas de la época.
Escrito por: Ana Teresa Toro, Fuente: El Nuevo Día, Y nació la poeta...
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