Por Miguel Díaz Román para El Nuevo DíaEl medioambiente fue el centro del sermón de las Siete Palabras.
Caguas - Con las Siete Palabras pronunciadas por Jesucristo crucificado como punto de partida, líderes ambientalistas y comunitarios reclamaron ayer la protección del medioambiente y acciones concretas de parte del liderato gubernamental y empresarial del País para contrarrestar el desarrollo desmedido.
Durante el tradicional sermón, en la Parroquia Nuestra Señora de la Providencia, también denunciaron el belicismo, el discrimen y la falta de solidaridad.
Mari Cruz Rivera, líder de la Corporación Piñones se Integra, tuvo a cargo la primera palabra: “Señor perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Rivera sostuvo que esta expresión permite enmarcar la ignorancia que existe entre empresarios, burócratas gubernamentales y ciudadanos sobre la importancia del ambiente. “Perdona al pueblo puertorriqueño porque deja sólo a los ambientalistas”, expresó Rivera, quién también denunció el discrimen contra la raza negra y los sectores empobrecidos y marginados.
El líder cooperativista Humberto Padilla, dijo que la segunda palabra, “en verdad te dijo que hoy estarás conmigo en el paraíso”, es una expresión de esperanza. Pero indicó que los intereses corporativos que promueven las guerras, la destrucción del ambiente y que mantienen a los trabajadores con bajos salarios “no entrarán al paraíso”.
Olga Rodríguez, miembro de la organización ambientalista llamada Despertar Cidreño, utilizó la tercera palabra; “madre he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre”, para señalar que el vínculo entre madre e hijo simboliza “que el amor es más fuerte que la muerte”.
“Esa fortaleza es una expresión de resistencia para la vida en comunidad y del equilibrio que debe existir entre la vida y el ambiente. Otro mundo es posible”, señaló.
Juan Rosario, líder de la organización Misión Industrial, se valió de la cuarta palabra; “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, para denunciar que el hombre ha abandonado el camino que le garantiza su supervivencia como especie. Indicó que la visión desarrollista que opera a nivel mundial, no hará desaparecer el planeta, sino la vida humana. Indicó que los hábitos de consumo desatan un incremento en la demanda de bienes, que tiene como resultado la destrucción del ambiente por el desarrollo industrial y la explotación de las riquezas naturales.
“La verdadera crucifixión la sufre la naturaleza”, sentenció.
Víctor Alvarado, del Comité de Diálogo Ambiental de Salinas, hizo una fuerte defensa de los recursos acuíferos al emplear la quinta palabra, “tengo sed”, como metáfora de la falta de este líquido que padecen algunas partes del planeta y Puerto Rico.
La sexta palabra, “todo está consumado”, fue utilizada por el líder comunitario y cooperativista Antonio de Jesús, para señalar que aunque existe una gran destrucción en el ambiente, hay esperanza.
No obstante, denunció las irregularidades del gobierno con la planta procesadora de desperdicios biomédicos Celsius, ubicada en Caguas, y la intención de establecer una planta incineradora de basura, promovida por el alcalde de ese municipio, William Miranda Marín.
La séptima palabra, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, fue empleada por el doctor Bolívar Arboleda y por la líder comunitaria Samaris Seguinot, para señalar que el País debe reflexionar sobre cuál debe ser el próximo paso colectivo para preservar el ambiente y la salubridad social.
“A través de éste mensaje lo que buscamos es una reconciliación con Dios y con la naturaleza, para llevar el mensaje del peligro que enfrenta el medioambiente por la acción del hombre y del calentamiento global”, sostuvo el padre Pedro Ortiz, quien tuvo a cargo la novedosa iniciativa.
Indicó que los líderes ambientalistas y comunitarios son las personas idóneas para para expresar que la naturaleza es un valor fundamental de la creación y que la lucha ambientalista que libran las comunidades es cónsona con el espíritu de protección ecológica que emana de la Biblia.
Ortiz también señaló que los gobiernos y las corporaciones están dominadas por el neoliberalismo, que promueve la abolición de los reglamentos que protegen el ambiente.